El telescopio espacial Planckha estado mirando el cielo como
si llevara puestas una especie de gafas de sol polarizadas y los
científicos han convertido lo que ha visto en una nueva imagen de
nuestra galaxia, la Vía Láctea, en la que emerge su huella magnética.
Este nuevo mapa, afirman los astrónomos, permite estudiar la estructura
del campo magnético galáctico y comprender mejor los procesos de
formación de las estrellas. Además, ayudará a extender y validar el reciente descubrimiento de la huella de ondas gravitacionales del inicio del universo,
realizado gracias, precisamente, al análisis de la polarización de la
luz, en concreto de la radiación cósmica de fondo, con el telescopio
BICEP-2 en el Polo Sur.
“Igual que la Tierra tiene un campo magnético, nuestra galaxia tiene
el suyo a gran escala, aunque 100.000 veces más débil que el de nuestro
planeta en su superficie; e igual que el campo magnético terrestre
genera fenómenos como auroras, el de la galaxia es importante para
muchos fenómenos; y ahora el Planck nos ha proporcionado la imagen más detallada del mismo”, señala Douglas Scott, astrofísico de la Universidad de la Columbia Británica (Canadá) y miembro del equipo.
El Planck, un observatorio de la Agencia Europea del Espacio (ESA),
finalizó su operación en octubre de 2013, pero los científicos están
aún analizando la ingente cantidad de datos que envió. El telescopio fue
diseñado para captar la radiación del universo primitivo, entonces tan
caliente, que llega ahora fría a la Tierra, en largas longitudes de onda
(microondas). También, lógicamente, veía la emisión de las nubes frías
de polvo y gas (en las que se forman los astros) que hay en la Vía
Láctea, junto con algunos centenares de miles de millones de estrellas.

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